Vicente Carbonell 
Abogado

 

TRAS EL VERANO NOS SEPARAMOS, ¿QUIEN SE QUEDA EN CASA? 


Esta suele ser una de las preguntas más frecuentes de aquellas parejas que, durante el verano deciden poner fin a su relación conyugal o extraconyugal: ¿quién se queda en la vivienda que ha sido domicilio familiar?. Y es la más frecuente porque la salida de uno de los miembros de la pareja del que hubo sido vivienda familiar, simboliza como gesto más visual, la decisión que se adopta y la ruptura matrimonial o extramatrimonial.

Señala el artículo 96 del Código Civil que En defecto de acuerdo de los cónyuges aprobado por el Juez, el uso de la vivienda familiar y de los objetos de uso ordinario en ella corresponde a los hijos y al cónyuge en cuya compañía queden. Cuando algunos de los hijos queden en la compañía de uno y los restantes en la del otro, el Juez resolverá lo procedente. No habiendo hijos, podrá acordarse que el uso de tales bienes, por el tiempo que prudencialmente se fije, corresponda al cónyuge no titular, siempre que atendidas las circunstancias, lo hicieran aconsejable y su interés fuera el más necesitado de protección. Para disponer de la vivienda y bienes indicados cuyo uso corresponda al cónyuge no titular se requerirá el consentimiento de ambas partes o, en su caso, autorización judicial.

Sin embargo, esta decisión inicial de permanecer en la vivienda familiar, en las más de las ocasiones, suele obedecer a razones de oportunidad de uno de los miembros de la pareja frente al otro. Son muchos los casos en los que uno de los dos miembros de la pareja, accede a salir del domicilio familiar por sentirse más culpable que el otro de la ruptura. O simplemente por razones de disponer de dos viviendas (una de ellas estival). Y también son muchas las ocasiones que simplemente uno de los miembros de la pareja, digamos que se “enroca” y no accede a cambio alguno en su vida.

Sea por un motivo u otro, esta decisión inicial, que puede verse alterada en el proceso judicial, será determinante en la inercia del proceso que da comienzo. En primer lugar por que, salvo que la separación o divorcio lo sean de mutuo acuerdo, el procedimiento judicial acaba siendo siempre, tenso y tedioso, lo que significa que aquella decisión (aun adoptada de forma provisional) se consolida por el simple transcurso del tiempo, dando lugar a veces a más conflictos sobre la disposición de los bienes y enseres que se encontraban en la vivienda. Y en segundo lugar, porque es difícil e improbable que un Juzgado que conozca de una situación prolongada de separación de una pareja, venga luego a invertir lo que inicialmente convinieron los separados, salvo que existan poderosas razones (pruebas) que aconsejen el cambio. Sin dudad una de esas razones lo es que, como dice el precepto citado, que habiendo hijos, estos merecen la mayor protección.

Vicente Carbonell. Abogado de Ibi. Junio de 2019